El Reglamento de tierras en el periodo artiguista

10-9-1815 dc

Líneas de Tiempo: Proceso de colonización agrícola, Instituto Federal Artigas de Entre Ríos

Categoria: Económico, Provincial, Regional Latinoamericano, Socio Poblacional

Pais: Argentina

Provincia: Entre Ríos

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El historiador Oscar F. Urquiza Almadoz analiza con precisión los primeros intentos de ordenar la posesión y puesta en producción de la tierra en los primeros años posrrevolucionaros y en particular el interesante intento de Artigas con el dictado del Reglamento Provisorio de Tierras(*) para que sean distribuidas con criterios de justicia social a quienes estaban dispuestos a trabajarlas, para lo cual se les hacía entrega de “instrumentos de labranza”.

“Durante el período de la dominación hispánica, gran parte de las tierras entrerrianas, como así también las de la Banda Oriental, habían sido ocupadas ad libitum por quienes se internaron en zonas vírgenes aún, más allá de las vías comunes de tránsito – escribe Urquiza Almadoz-. Concesiones otorgadas con posterioridad vinieron a superponerse con mejor derecho al aducido por el primer ocupante y a crear pleitos sin término, con la consiguiente formación de latifundios. Los expulsados de sus predios pasaron a integrar una población ambulante, dispuesta a subsistir por cualquier medio, con lógicas derivaciones negativas en el orden social.(1)
“Esta situación se agravó considerablemente en la Banda Oriental, a raíz de las medidas adoptadas por las autoridades españolas de Montevideo. En efecto, por decreto del 23 de agosto de 1810, los ocupantes de terrenos realengos deberían presentar sus títulos en un plazo de cuarenta días, transcurrido el cual, serían vendidos en subasta pública. ‘Esta medida —afirma Pivel Devoto— que incidía sobre uno de los problemas de carácter social y económico más serios del medio rural de la Banda Oriental, ya señalado por Lastarria y Azara, venía a provocar una verdadera revolución entre los pobladores de la campaña que ocupaban desde hacía años tierras obtenidas por merced de la corona, o por compra, pero sin que se hubieran llenado todas las exigencias para adquirir el dominio y propiedad. Sin olvidar los casos numerosísimos de pobladores que en calidad de ocupantes detentaban tierras del rey o usurpadas a propietarios que no la trabajaban’.(2)
“La grave cuestión social derivada de la situación descripta, atizó en la Banda Oriental el descontento de la campaña hacia las autoridades españolas, y en Entre Ríos ahondó la discrepancia con el gobierno de Buenos Aires, con la consiguiente afirmación del sentimiento localista.
“La lucha entre propietarios y poseedores, entre trabajadores y hombres influyentes, no se circunscribió al período de la dominación hispánica. Ella perduró, sin duda en la época independiente. Y, por cierto, que este importante aspecto de carácter socioeconómico no debe ser dejado de lado si se quiere explicar suficientemente la rápida expansión del movimiento federalista del litoral.

Artigas y la distribución de la tierra
“Justamente, uno de sus intérpretes más genuinos se preocupó por reconstruir la economía rural. Nos referimos a José Artigas, quien, en 1815, formuló un reglamento que contemplaba la equitativa distribución de la tierra y el fomento de la producción rural, el que —al decir de Edmundo Narancio— constituía una verdadera ley agraria, inspirada quizás en un proyecto similar de Azara, pero superior por su alto espíritu de justicia social.(3)
“En los planes de Artigas, la reconstrucción de la economía rural constituyó el punto de partida. No se trataba tan sólo de atraer pobladores y restaurar las haciendas, sino de hacer efectivas las condiciones sociales necesarias para lograrlo. El caudillo oriental ‘vivió los últimos años de la paz colonial compartiendo en su juventud los azares del corambrero; más tarde blandengue de la frontera, enfrentó los males del despoblado, sopesó las consecuencias del latifundio improductivo y convivió con el paisanaje las duras peripecias y aventuras del hombre sin tierras. Aquellos gauchos, indios o esclavos alzados, de bota de potro o pies descalzos, a menudo sin más propiedad que sus destrozadas camisas y chiripas raídos, la lanza, el facón y el caballo confiscado, habían contribuido a la revolución con lo único que poseían, jugando sus vidas por la patria. Con ellos soportó los lances de la guerra y del éxodo. A ellos quiso recompensar, integrándolos a la tierra’.(4)
“Con esa finalidad elaboró el Reglamento Provisorio para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados, que con fecha 10 de septiembre de 1815 remitió desde su campamento de la Purificación a las autoridades de todas las ciudades y villas de la Banda Oriental para su inmediata aplicación. En veinte artículos se formulaba un programa conciso, pero sumamente avanzado, ya que establecía no sólo el reparto de una parte de las tierras fiscales, sino también la confiscación de las de emigrados (‘malos europeos y peores americanos’), que debían distribuirse entre ‘los negros libres, los zambos de esta clase, los indios, los criollos pobres’ y las viudas, previniendo especialmente ‘que los más infelices sean los más privilegiados’.
“Pero, conocedor de la idiosincrasia de algunos de estos sectores – afirma Urquiza Almadoz -, Artigas creyó necesario fijar ciertas condiciones para la obtención de la posesión definitiva, ya que no podía perderse de vista el objetivo principal de su plan, que era la reconstrucción de la economía rural de la provincia oriental. Asimismo, se fijó en legua y media de frente por dos de fondo, la superficie de las suertes de campos a distribuir en la Banda Oriental, donde existían algunas estancias de gran extensión.
“’Artigas apuntó así contra el latifundio improductivo, procurando afincar una numerosa clase de campesinos libres, emancipados de la dependencia del patrón y de sus resabios coloniales. Poblamiento, subdivisión de la tierra, justicia social, fueron los objetivos contemplados, junto al acrecentamiento más racional de la riqueza ganadera diezmada por los prolongados años de guerra’.(5)
“Y como ya lo expresáramos en otra oportunidad, no es demasiado aventurado suponer que, de haber sido factible, el caudillo rioplatense hubiese extendido también a Entre Ríos la aplicación de su Reglamento Económico de 1815, destinado en principio a la reconstrucción de la economía campesina en la Banda Oriental. Pero las vicisitudes políticas y militares que caracterizaron a aquellos años, entorpecieron la aplicación de los conceptos económicos y sociales que inspiraron el reglamento artiguista, hasta que el eclipse político del caudillo oriental, en 1820, frustró definitivamente el amplio programa”.

(1) Cfr. Beatriz Bosch, El caudillo y la montonera, en Revista de Historia, Nº 2, Bs. As., 1957, p. 50.
(2) Juan A. Pivel Devoto, Prólogo del Archivo Artigas, Comisión Nacional Archivo Artigas, Montevideo, 1951, t. II.
(3) Edmundo Narancio, El Reglamento de 1815, en Artigas, estudios publicados en El País, Montevideo.
(4) Blanca Paris de Oddone, Artigas, un caudillo revolucionario, en Historia Integral Argentina, Bs. As., 1970, t. I.
(5) Ibídem, p. 64
(*)Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados.
Extractado de Urquiza, Almandoz, Oscar F. Historia Económica y Social de Entre Ríos, BUL, Bs. As., 1978, pp. 495/497

Imagen: recreación en formato de historieta del Reglamento de tierras (Martín Bentancor – guión - Pablo Praino – ilustración -, en www.bandaseducativas.com/proyectos/el-reglamento-de-tierras/)

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