Primeras poblaciones en la Cueva El Trébol

10500 ac

Líneas de Tiempo: Río Negro, Región Andina. Río Negro

Categoria: Arqueología, Territorios indígenas libres

Pais: Argentina

Provincia: Río Negro

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Información arqueológica de la Cueva El Trébol, ubicada en las cercanías del Lago Nahuel Huapí, plantea que esa área boscosa y lacustre podría haberse poblado alrededor de 10500 AC.

Los fechados más tempranos para Norpatagonia con los que se cuenta, se ubican en las cercanías del lago Nahuel Huapí, en la Cueva El Trébol, muy próxima de la laguna homónima. Por su orientación (nor-Nordeste), podía recibir los rayos solares desde la primera hora y durante buena parte del día, lo que debe haber resultado especialmente atractivo en un ambiente que es húmedo, boscoso y frío. También es posible que el follaje limitase la insolación efectiva. Aunque la excavación está en pleno proceso[1], ya se cuenta con información sólida. Un episodio sísmico habría provocado un derrumbe. Por encima, en los intersticios y por debajo de los bloque caídos se encontraron huesos de animales, quemados y huellas de corte, así como diversos artefactos. Aunque, según lo consignan los excavadores, en la zona no abundan las buenas materias primas lícitas, los ocupantes de El Trébol utilizaron para la talla, predominantemente, rocas de calidad: en primer lugar, sílices, y también algo de obsidiana. La primera es una roca de la familia del cuarzo pero de grano fino y coloración variada. La segunda es un vidrio volcánico muy apreciado por los antiguos cazadores-recolectores. Ambas producen lascas muy cortantes y punzantes. Entre los restos de fauna se cuentan los del milodonte, un gran perezoso terrestre extinto, del tamaño de un oso. Por debajo de su piel –cubierta por una densa pelambre-, el milodonte  contaba con una coraza interna de huesecillos dérmicos, similares a los que forman el caparazón de sus parientes cercanos los armadillos. También se identificaron restos de guanaco, de ciervos (incluso uno extinguido), de zorros y de peces. Los primeros ocupantes de El Trébol fueron, entonces, cazadores-recolectores que explotaron una gama bastante amplia de especies, que difería en hábitos y ambientes y que debió requerir, correspondientemente, distintas técnicas de captura. El milodonte pudo haber vivido en el propio sitio. Habría sido un animal lento pero, merced a su fuerza y a sus uñas poderosas, podía mantener a raya a un atacante. En contraste, ciervos y guanacos son animales ágiles y veloces, que se cazarían a distancia con proyectiles rematados en punta de piedra bifaciales [2]. Las permanencias humanas en El Trébol habrían sido breves, a juzgar por los escasos restos que han quedado y la mínima modificación que se hizo del hábitat. Es probable que el episodio sísmico que provocó los derrumbes, y quizás también las caídas de trefas (cenizas volcánicas), que perjudican al mundo vegetal del que dependen los herbívoros, hayan alejado de la zona por algún tiempo a los ocupantes de El Trébol. Ante una circunstancia desfavorable, la movilidad es el recurso por excelencia de los cazadores-recolectores. (CRIVELLI MONTERO, 2010: 271-272)

[1] La excavación en el sitio El Trébol comenzó en 2002 y es dirigida por el arqueólogo del Museo de la Patagonia de Bariloche  Adam Hadjuk.
[2] Trabajadas por ambas caras.


Fuente:
CRIVELLI MONTERO, Eduardo: Arqueología de la Cuenca del río Limay. En Los ríos mesetarios norpatagónicos: Aguas generosas del Ande al Atlántico. En: Coord. Ricardo Freddy Masera et.al., 1 ed. Río Negro: Ministerio de Producción de Río Negro, 2010

Fuente de Imagen: http://www.aportesunco.com.ar/contenido/publish/culturas_indigenas/2007prn_id301.php